Hace unas semanas, mi mentor y gran amigo David, al explicarle en qué situación estaba y todo lo vivido en los últimos meses, me mandó un vídeo que me impactó y por eso te lo quiero compartir. El vídeo explicaba una historia muy sencilla:
Cuando una tormenta se acerca en las llanuras de Colorado, las vacas huyen en dirección contraria. Corren intentando evitarla, pero la tormenta es más rápida. El resultado es que la alcanzan igualmente, solo que pasan más tiempo dentro del caos, empapándose y agotándose.
Los búfalos, en cambio, hacen algo contraintuitivo: cuando ven venir la tormenta, avanzan hacia ella. La cruzan antes, están menos tiempo sufriendo y llegan antes al otro lado.
¿Y tú, de qué tipo eres? ¿una vaca o un búfalo?
¿Eres como la vaca, que en cuanto asoma una tormenta se aleja y termina viviéndola durante más tiempo?
¿O eres como el búfalo, que decide atravesarla de frente?
Yo no siempre actué como un búfalo. Me daba miedo el conflicto, la adversidad, lo que sentía que no podía gestionar. Así que lo escondía debajo de la alfombra… hasta que alguien lo veía o estallaba por los aires.
Y aquí aparece la pregunta importante:
¿Qué es lo que nos da tanto miedo de la adversidad?
Porque, ¿qué duda cabe de que tras experimentarla uno renace y aparece en ese mundo desconocido que solo existe después de atravesar la tormenta?
¿Qué tal si en lugar de ser esclavos de nuestras adversidades, fuéramos sus «dueños y señores»?
Cuando abanderas tu ownership (tu responsabilidad, tu adueñamiento) algo se coloca. Y cuanto más enfrentas, más confianza almacenas para la siguiente. Hay una vocecita interior que te dice:
“En peores plazas has toreado.”
También me he dado cuenta de algo más: cuanto más afrontamos, más adultos nos volvemos, y nuestro sueño de ser Peter Pan para siempre empieza a disiparse.
Pero aquí viene la buena noticia: al otro lado aparecen el poder (no como dominio, sino como capacidad de elegir), la valentía, la autoestima y el respeto propio.
Y una segunda buena noticia: de todo se sale.
Ser más adulto no significa no poder permitirse un momento de “no poder”, de vulnerabilidad o de ser sostenido. También eso forma parte del camino del búfalo.
Al final, la tormenta nunca es el problema.
El problema es quiénes decidimos ser ante ella.
Es la distancia que colocamos en lo que sabemos que inevitablemente tendremos que afrontar.
Y cuánto más distancia, más crece el miedo.
Cuanto antes afrontamos, más podemos domesticar a nuestros monstruitos internos.
Así que, desde aquí te reto a… si tienes alguna tormenta debajo de la alfombra o momento incómodo que estés postergando, que actúes como el búfalo y des un paso hacia delante. Con valentía.
Y recuerda. Al final todo está bien y… si no está bien es que no es el final.
¡Un abrazo desde la tormenta!
✨ Más Kindfulness, por favor. ✨
🌊 Porque no todos vamos en el mismo barco,
pero todos compartimos el mismo mar. 🌊
💚¡Un abrazo de corazón a corazón 💚 y …
¡Ojalá seas tú todos los días de tu vida!
Con todo mi amor,