En la sala de desespera

Acabo de volver de uno de esos viajes que te transforman o, lo que es lo mismo, que ponen patas para arriba tu Status Quo. Quizás fueron los paisajes imponentes y desconocidos, las rutas sorpresa, las conversaciones profundas o la desconexión con la vida confortable… Sea lo que sea… lo que sí sé es que vuelvo distinta, trastocada. Descolocada.
Desalineada totalmente para ser sincera.
Con una visión en la cual comparo quien creo que puedo ser con quien soy. Siento como si llevara un traje que me aprieta, como si se me quedara pequeño y eso que me lo acabo de comprar, ¿te suena?
Metida en el traje de la comparación que juzga quien soy, donde estoy, con quién estoy, lo que como, lo que visto, lo que trabajo, la cantidad de deporte que hago o cuánto dinero tengo en la cuenta. Una comparación que me grita que no estoy en mi mejor versión. Y que, por supuesto, si no estoy viviendo en mi mejor versión estoy, simple y llanamente perdiendo el tiempo.
Hace tan solo un mes te escribía diciendo que ya lo había encontrado. Ese estado. Ese en el cual la gratitud y la confianza invaden cada habitación de mi alma para llenarla con la certeza absoluta de que todo va estar bien. Disfrutaba de cada mañana, de cada paseo, de cada momento. Sonreía porque sí (a lo loco) y no me preocupan demasiado los resultados. De hecho, desconecté del móvil mucho más de lo normal.
Entonces, ¿qué ha ocurrido? Que salir de mi frecuencia habitual y conectarme con la aventura, la libertad, lo desconocido y esa vibración que se consigue en cursos, en momentos de exaltación de la amistad o en viajes inolvidables me ha recordado todas las posibilidades que existen en mí. Sí, todas. Y yo solo conformándome con vivir con una, ¿tú te crees?
Pero chica… La vida es como un buffet. No por el hecho de que existan todas las posibilidades significa que te las tengas que comer todas y, ni mucho menos de una sentada… Que te va a sentar mal.
Mi mente se atiborró de posibilidades infinitas queriendo zamparse todos los objetivos de golpe y llegar a no sé dónde.
Ahora, ¿sabes dónde estoy? En la sala de espera, empachada. Ni aquí, ni ahora. Ni tampoco ahí, ni entonces. Digiriendo todo lo que soy y todo lo que puedo ser. Estoy exactamente en ese limbo: entre quien fui y quien quise ser. Entre la paz del ser y el hambre de ser alguien mejor. Entre la gratitud por quien soy y donde estoy y el deseo de conocer los confines de mi potencial.
Y, quizás estarás pensando…
¿No hay algún lugar en medio? ¿Un equilibrio? ¿Un balance perfecto y delicioso entre estar a gusto donde estás y caminar sonriente hacia donde quieres ir?
Quizás sí. Quizás no.
Pero hoy, la única respuesta que se me ocurre compartir contigo de ser humano agradecido pero infinitamente insatisfecho a ser humano en estado similar es… la respuesta se encuentra atravesando la incomodidad.
Cada vez que nos desalineamos queremos volver al centro rápidamente y aunque no es agradable igual vale la pena (o la alegría) quedarse un poquito, lo justo y necesario para esa lección agradecida que una vez aprendida, no nos visitará jamás.
Atraviesa la incomodidad. Caminamos juntos. Aprendemos solos.
✨ Más Kindfulness, por favor. ✨
🌊 Porque no todos vamos en el mismo barco,
pero todos compartimos el mismo mar. 🌊
💚¡Un abrazo de corazón a corazón 💚 y …
¡Ojalá seas tú todos los días de tu vida!
Con todo mi amor,

