Eres Punch o el otro

Este artículo es largo, aviso, pero quizás te hace reflexionar tanto como me ha hecho reflexionar a mí. Quizás es el más largo que he escrito nunca, así que desde ya, gracias por compartir tu tiempo y energía conmigo.
Antes de empezar quería compartir contigo lo inquietante que me parece la velocidad del mundo en el que vivimos. Fíjate que el lunes me apunté como idea escribirte acerca de Punch, el mono tan famoso del zoo japonés. Parece ser que eso ya son “viejas noticias”. Aún así siento que quiero hablarte de él.
Y es que Punch me recordó muchísimo a los patrones relacionales: apego ansioso, evitativo y seguro.
¿Hay oído hablar de ellos?
De forma muy resumida: el apego ansioso teme el abandono y busca constantemente cercanía y confirmación. Quiere conexión. El evitativo teme la invasión o la pérdida de autonomía y se distancia cuando siente demasiada demanda. Quiere libertad. El seguro puede vincularse sin miedo, ni huida, porque aprendió que el amor no se pierde por necesitarlo ni por darlo.
Es obvio que el pobre monito, al cual su madre rechazó, necesita un lugar seguro que, en este caso, ha sido el peluche quien se lo ha “ofrecido”. Cualquier persona que haya visto alguno de estos vídeos (y tenga corazón) sentirá algo por este animalito.
Verás cómo se apega a los otros monos como a un clavo ardiendo y cómo todos, menos uno (a día de hoy), le van rechazando e incluso atacando,
Punch está en apego ansioso. Está claro.
Los demás monos están en evitativo.
Ambos roles se activan.
Como el del bully y el bullied.
Como aquel de la relación que enfría las cosas “para ir poco a poco”.
Como aquel que, por miedo, sobresatura de amor.
Me llaman la atención varias cosas en el caso de Punch:
- Que no tenga barreras para pedir amor, ni vergüenza, ni medida (¿Y acaso hay que tenerlas cuando se es niño?)
- Cómo el necesitar amor nos coloca automáticamente como elementos “débiles” en el sistema.
- Cómo la exigencia de amor provoca rechazo y agresividad en los demás.
Y si lo trasladamos a nosotros, humanos, no quedamos tan lejos.
Fíjate, ¿quiénes piden amor sin vergüenza?
Efectivamente, los niños. Hasta que alguien les dice que está mal y que es de débiles. Lo curioso es que lo pedimos normalmente cuando lo necesitamos. Es decir, que si no lo necesitamos, no lo pedimos.
Pero ¿qué hace que no lo necesitemos?
¿Haberlo tenido?
¿Haber aprendido a darnos ese amor a nosotros mismos?
¿O haber creado una capa gruesa de “yo no necesito” donde debajo habita un pequeño Punch?
De adultos, podemos caer en la tentación (y yo he caído) de reclamarle a otros el amor que sentimos que no recibimos. Y digo “sentimos” porque muchas veces la interpretación que tuvimos acerca del amor recibido no encaja con lo que realmente fue recibido.
Cuando el otro percibe ese reclamo puede sentir rechazo:
O bien porque él o ella mismo no se atreve a pedir ese amor.
O bien porque no quiere hacerse cargo de algo que no es suyo.
¿Hasta cuándo?
Hasta que el sistema se restablezca.
¿Y cuándo lo hace?
Cuando nos vamos a nuestro sitio.
Y aquí me surge otra pregunta incómoda.
¿Por qué nos ponemos tan fácilmente del lado de Punch?
¿Por qué sentimos lástima por el que pide y no por el que se distancia?
¿Qué pasa si, por un momento, nos ponemos del lado del mono que rechaza?
¿Y si ese mono simplemente está cuidando su propio espacio?
¿Y si está protegiendo su libertad?
¿Y si no está siendo cruel sino regulándose?
¿Por qué llamamos egoísta al que se va a su sitio?
No tengo la respuesta.
Como en todo, al final se trata de una constante autoregulación de nuestro sistema interno y externo, al que pertenecemos.
A veces no nos queda otra que pedir, que necesitar.
A veces no nos queda otra que dar.
A veces no nos queda otra que rechazar al otro por proteger nuestra propia salud mental.
A veces nos tenemos que hacer cargo de nuestro propio amor.
Y, no sé si estarás de acuerdo conmigo, pero creo que justamente eso nos convierte en adultos. Todo lo demás es bonus track.
Porque cuando tú te das el amor que necesitas, no le reclamas al otro lo que no te dieron.
Cuando tú te das el amor que necesitas, tienes amor para dar a quien lo necesita más que tú.
Hay que entender la diferencia entre dar amor al otro y dar amor por miedo.
El amor, de verdad, es generoso y expansivo.
El de “desde el miedo” contrae el alma.
Te cuento esto para que reflexiones en qué punto estás:
¿En apego ansioso?
¿En evitativo?
¿O en seguro?
¿O cambia según el entorno?
No sé para qué has leído este artículo.
Pero quizás, y solo quizás es para que abraces al pequeño Punch que vive en ti.
Que vive en todos nosotros.
Y ahora, tu mano derecha al hombro izquierdo y tu mano izquierda al hombro derecho. Un buen apretujón. Una sonrisa. Y ya lo tienes.
Abrazando a tu Punch, nos abrazas a todos los demás.
Con un acto simple cada día, podemos cambiar nuestro mundo.
✨ Más Kindfulness, por favor. ✨
🌊 Porque no todos vamos en el mismo barco,
pero todos compartimos el mismo mar. 🌊
💚¡Un abrazo de corazón a corazón 💚 y …
¡Ojalá seas tú todos los días de tu vida!
Con todo mi amor,

