Un chiste cósmico

Ayer salí de casa de mi amiga Marta con una intuición de que algo ofrecía resistencia. Todavía no sabía lo que era. Llegó el Uber a la hora acordada y nos dirigimos al aeropuerto para alquilar el coche que me llevaría hasta Begur. Decidí en último momento ir a la T2 en lugar de la T1, imaginando que estaría más vacía, al ser una terminal mucho más pequeña.
No solo no estaba más vacía sino que había cola para entrar a la propia terminal. Cuando por fin estuve dentro, llegué al mostrador correspondiente a mi rental car que estaba, cómo no, cerrado a cal y canto. Ahí se anunciaba amablemente que los clientes se dirigieran a las cabinas localizadas en el parking. Evidentemente, estas cabinas estaban en el lado opuesto del aeropuerto. Cuando llego, me doy cuenta de que está vallado y tengo que dar toda la vuelta otra vez.
Notaba como el monstruo se apoderaba poco a poco de mi paciencia. Además, hacía calor y llevaba equipaje en un carro que hacía un ruido descomunal al arrastrarse pesadamente por las baldosas de la estrecha acera.
Finalmente llegué al mostrador para enterarme que el seguro que había comprado me cubría pero que tendría que dejar 1.950 € de depósito. Mi enfado, era cada vez mayor pero aún tuve la decencia de no pagarlo con la pobre chica que me asistía. Al fin y al cabo no era su culpa.
Cuando me entregan las llaves de mi compañero de viaje para los próximos 5 días veo que está embarrado hasta las cejas. Eso por fuera. Y por dentro parecía que alguien hubiera decidido vaciar el fondo de una bolsa de patatas como si no hubiera un mañana.
Mi entrecejo cada vez más fruncido y mi estómago hirviendo. Respiraba como si estuviera a punto de dar a luz.
Volví al mostrador (con mi carrito con dos maletas y una mochila, todo muy cómodo) para decirle a la chica que el coche estaba sucio. Me dijo que en seguida lo limpiaban.
Yo ya estaba rendida a mi desgracia de primer mundo, cuando aún faltaba un capítulo adicional (la guinda del pastel). El responsable de limpiar los coches llegó y se llevó otro coche para mi sorpresa. Pensé que había alguien antes que yo, pero no. Se había equivocado. Volvió feliz con las llaves de otro coche en mano:
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¿Es tuyo este?
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No. No es el mío. El mío es el Mokka.
Así que tuve que esperar de nuevo para que esta vez limpiara el coche correcto.
Dos horas más tarde pude sentarme en un Opel Mokka al que parecía que en lugar de limpiarlo, le hubieran hecho cosquillas con el trapo. Ya no quería luchar más, sino salir de ese odioso momento.
Me puse en marcha, rumbo a Begur. Por supuesto, una hora y media de tráfico más de lo habitual. Es decir, llegaría en casi tres horas desde el aeropuerto. Cuando iba a medio camino, quise cargar el móvil pero el coche no tenía entrada para mi cable.
Sin el móvil no llegaría a Begur porque, por supuesto, el navegador del coche reconocía a todos los teléfonos móviles de alrededor menos al mío. Parecía un chiste cósmico.
Como pude, saqué mi ordenador y conecté ambos dispositivos. Lo que no sabía es que tendría que abrir y encender el ordenador para que funcionara. Así que ahí, en plena autopista, tuve que sacar el ordenador de la bolsa, abrirlo y ponerlo en los pies del copiloto. Un auténtico malabar.
Y ahí, me relajé. Puse los 40 classics a tope y sonreí pensando, ¿para qué será que tengo que tener esta experiencia, vida?
Llegué a Begur y me encontré con mi querida amiga Neus, con quien pasé quizás la tarde más relajante y agradable desde que llegué a Barcelona. Gracias, Neus 🙂
Pensé en cómo es la vida.
A veces para cruzar al otro lado del puente, entre donde estás y donde quieres estar, se producen muchas resistencias, hay que atravesar obstáculos, incomodidades, pero, sin eso, quizás no valorarías tanto el destino final.
O pero: no regresarías a casa con el Elixir de lo aprendido, como en el viaje del héroe que describe Joseph Campbell. Porque al final, no se trata tanto de las circunstancias que vives sino de cómo las experimentas y qué decides aprender, si es que hay algo de lo que se pueda aprender, jaja.
A veces podemos interpretar todas esas resistencias como una intuición que nos dice que nos alejemos de nuestro destino pero ojo con que esa intuición provenga de antiguos patrones.
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¿Alguna vez te lo habías preguntado?
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¿En qué se basa tu intuición? ¿en tus miedos pasados? ¿En tus miedos futuros?
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¿En lo que quieres o en lo que necesitas?
¡Gracias por leer hasta aquí!
¡Un abrazo!
✨ Más Kindfulness, por favor. ✨
🌊 Porque no todos vamos en el mismo barco,
pero todos compartimos el mismo mar. 🌊
💚¡Un abrazo de corazón a corazón 💚 y …
¡Ojalá seas tú todos los días de tu vida!
Con todo mi amor,

