¿Qué hago?

El otro día me pedí un café con leche en un lugar donde servían pasteles artesanos. En teoría, por mi circunstancia temporal (como a mí me gusta llamarla) es preferible que no tome azúcar.
Le escribí un mensaje a mi hermana para preguntarle qué debería hacer puesto que tenía un conflicto interno. No me contestó a tiempo. Como justo estaba hablando con una amiga, aproveché para preguntarle, ¿qué hago?
Ella me contestó:
Yo escucharía tu cuerpo, qué te pide. El cuerpo es sabio.
Y entonces le pregunté al cuerpo. Sentí una pequeña contracción en el pecho. Quizás era un no.
Le pregunté a la mente. Sentí un no rotundo.
Le pregunté a mi alma. Se expandió toda la zona de mi pecho y me vino como una especie de descanso y alivio interno. Como si dejara marchar una resistencia.
Y es que el alma, siempre, está en paz con todo lo que es.
Y partir de entonces y de entender que lo único que tengo que cambiar es la paz que siento en cada momento, me ha cambiado la mirada.
Incluso en momentos tensos, tristes, caóticos, desagradables, ahora me pregunto:
¿Cómo puedo estar en paz con esto?
No significa que esté de acuerdo. Ni siquiera que no me duela.
De hecho cuando hago las paces, a veces me surge la emoción.
La paz viene con una relajación. Y esa relajación viene con un destape. Con un destensar. Abre el grifo de toda la tensión y emociones acumuladas.
Cuanto más me relajo, más me emociono.
- ¿Y no era eso quizás lo que andaba evitando?
- ¿No estaba acaso tapando mis emociones con tanta acción?
Quizás ahí está la clave como ser humano. En encontrar la paz con todo lo que es.
No desde la resignación, ni si quiera desde la aceptación. Sino desde la Fe. La Fe que de que todo está sucediendo para algo que no entiendo todavía. Con esperanza de que hay luz al final del túnel, aún cuando no la veas todavía. Con la vulnerabilidad que te deja cada cambio de piel, entre túnel y túnel.
Desde la humildad. De esa que viene cuando por fin te enteras de que gracias a Dios ni la mitad de tu vida depende de ti y que lo que depende de ti es lo más difícil de controlar: tu mente. Tu mente caprichosa, nostálgica e imaginativa.
Quizás también a través de la compasión. De esa que se lleva por delante toda la frustración por no haber sabido antes lo que sabes ahora. Sabiduría que quizás te hubiera hecho tomar otro tipo de decisiones.
Pero ya está. Hecho está.
Estás aquí. Con lo que hay.
Y lo que hay ya es mucho.
¿Lo ves?
A veces hay que pararse un minuto para darse cuenta de todo lo que hay ahora.
Para finalizar, con gratitud. De esa que te despierta de tu sueño, que te conecta con tus enemigos y que te acerca a la vida.
¡Te leo!
¡Un abrazo con amor!
✨ Más Kindfulness, por favor. ✨
🌊 Porque no todos vamos en el mismo barco,
pero todos compartimos el mismo mar. 🌊
💚¡Un abrazo de corazón a corazón 💚 y …
¡Ojalá seas tú todos los días de tu vida!
Con todo mi amor,

